Crítica de Made in Osloa quadruple bill, Jo Strømgren Kompani. Teatros del Canal, Sala Verde. Festival Internacional Madrid en Danza. 1 de junio de 2022.

Gone (2015), Made in Oslo. Jo Strømgren Kompani © Jubal Battisti

Dos consideraciones, que no deben pasar desapercibidas, conducen la visita de la compañía noruega Jo Strømgren al Festival Internacional Madrid en Danza estos días. Una de ellas, tal vez la más significativa, tiene que ver con la fecha de cada una de las cuatro producciones que componen el programa que están mostrando bajo el título de Made in Osloa quadruple bill. Entre la pieza más longeva que pudo verse en la velada de anoche y la actualidad han pasado 15 años, y de alguna o varias maneras acaba por notarse, la huella del tiempo no permanece ajena al resultado global de la propuesta. Se deja sentir esta circunstancia, aunque no siempre, en lo corporal. El lenguaje de los seis intérpretes (tres hombres y tres mujeres), si bien se presenta con una alta riqueza de vocabulario, exigencia y fisicidad, también recuerda a otras décadas de la creación contemporánea. Teniendo en cuenta que el desarrollo de esta disciplina no ha sido el mismo en toda la geografía internacional, saberlo, o poner el acento en esta arista del contexto, puede ser conveniente. También las relaciones y roles que se dan entre las bailarinas y bailarines, e incluso el vestuario en alguna pieza (por ejemplo en Kvart, de 2007, que cierra el programa con vestido corto para ellas y pantalón largo para ellos) hablan de preceptos heteronormativos, hoy en día y desde hace un tiempo, cada vez más ajenos a disposiciones creativas, afortunadamente.

Kvart (2007), Made in Oslo. Jo Strømgren Kompani © Erik Berg

La otra consideración a tener en cuenta es que las cuatro piezas que constituyen el programa fueron creadas para la Oslo Danse Ensemble, una de las agrupaciones más populares de Noruega, que se disolvió en 2018 sin haber girado por el extranjero. Aunque llevan la rúbrica de Jo Strømgren, director del colectivo que visita Madrid, y en los cuatro trabajos hay rastro del discurso de este creador, por ejemplo, ese sentido del humor absurdo y naif con aroma a cine mudo, cierta oscuridad concretada en una tristeza como tranquila, ya digerida, y un leve acento teatral, no llegan a ser paradigma definitivo del discurso de danza-teatro que viene desarrollando la Strømgren Kompani como colectivo, aunque la diversidad en lo creativo, en las casi doscientas obras que atesora, sea marca de la casa.

Dicho esto, Made in Oslo, a través de los trabajos Gone (2015), Ring (2014), Salve Regina (2017), seguramente el más concluyente, y Kvart (2007), transcurre entre cierta tibieza irregular y determinado convencimiento con momentos hermosos, hilados por el esplendor físico de sus intérpretes, especialmente el de ellas.

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