Texto de Javier Guerrero para la sección `Hola, soy coreógrafa/o´. Idea y coordinación: Mercedes L. Caballero.

Hola, soy coreógrafo y siempre pienso que cualquier definición de coreógrafo contiene una parte de mentira. Esta dificultad para delimitar la coreografía y todo lo que hay en los arrabales de la creación, es lo que todavía a día de hoy, me sigue interesando.
Dar vueltas alrededor de algo sin señalarlo.

El bailarín y coreógrafo Javier Guerrero. © Amanda Rubio

Intento traducir aquello que pasa en mi vida, lo que me interesa, lo que me excita, lo que me hace llorar y reír a la vez, lo que deseo, lo que no me gusta… trasladarlo a un lenguaje poético; quiero hacer poesía. Una poesía que desplace lo narrativo abriendo un camino hacia lo metafórico.

Me interesa la energía que produce el movimiento: un salto al vacío provocado por uno mismo. En ese salto nadie sabe qué va ocurrir, ni dónde iremos a parar. Por un instante todo en suspensión.

He dejado de tener prisa por hacer. Quiero recoger las cosas que van pasando en mi vida sin forzar, centrándome en cada proyecto de manera única. Pensar cada trabajo de manera distinta. Quiero que cada trabajo me transforme y me enseñe nuevas cosas.

Caos meditativo, de Javier Guerrero. ©Tristán Pérez-Martín

Mi aterrizaje en la danza fue de manera tardía y accidental. De pequeño iba a clases de inglés mientras miraba por la ventana a un montón de niñas bailando y saltando. Un día el profesor me invitó a entrar a una clase y de ahí abandoné el inglés por la danza.
Posteriormente esa escuela cerró y durante toda mi juventud no tuve ningún contacto ni con la danza ni con ninguna otra disciplina artística.

Solo me quedó la imaginación. La imaginación y la televisión.

Ya en la universidad mientras estudiaba la Licenciatura de Humanidades un amigo me habló de la danza contemporánea. Entré a probar una clase y desde entonces nunca he dejado de formarme y buscar todo tipos de referentes procedentes del tenis, la música pop, el cine, mi abuela, la calle, los amigos, la literatura, el supermercado de la esquina, el rap, la moda…

Me gusta utilizar todo lo que está a mi alcance; la palabra, las imágenes, la música, estructuras inacabadas, la luz, los objetos, lo fragmentario, el cuestionamiento de los límites, conversaciones que escucho en el metro…
Combinar todas estas cosas procedentes de mundos tan distintos, es una forma de pensar que genera violentos contrastes y crea una forma única de abordar cada proyecto.
Coreografiar es saber relacionar, crear nuevas realidades para ampliar el campo semántico del mundo.
La danza como forma de resistencia.

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