Texto de Paloma Díaz, bailarina y coreógrafa, directora de la Cía. La Permanente, para la sección `Hola, soy coreógrafa/o´. Idea y coordinación: Mercedes L. Caballero.

Paloma Díaz

Hola, soy coreógrafa. Me llamo Paloma y pensarme como coreógrafa me es imposible sin asociarlo a la bailarina que soy, he sido y seré hasta que la palme. A mi pesar y para mi gloria, por partes iguales. Me recuerdo siempre moviéndome, subiendo y bajando, agitándome, cabeza abajo con los pies en volandas, trotando, aterrizando o despegando. Las rodillas siempre encostradas.

El movimiento ha sido parte de mi biografía; fui gimnasta rítmica hasta los 18 años cuando resultó que ya era demasiado vieja… y ahí, descubrí la danza. El mismito placer, los mismos retos, la misma intensidad, pero ¡no te ponían nota! No te descontaban décimas por no ser perfecta. Podías desequilibrarte o pegar un resbalón (como soy humana, yo me desequilibro bastante) y no pasaba nada. La FELICIDAD con mayúsculas. Aún conservo heredado ese pánico atroz al fallo, la autoexigencia y el ansia de perfección, en la vida y en la escena. Aunque voy consiguiendo domarlo de a poco y reconciliarme con mi imperfección.


He sentido ese placer, la bestialidad que ha supuesto habitar mi cuerpo en movimiento. Ahora, poco a poco, me voy interesando más por la quietud, conquistando otras maneras de no moverme. Hace largo tiempo que llegué a la conclusión que no me gusta cansarme, literal. Ya no me pone.

Una palabra. © Luis Castilla


Años de estudio y descubrimiento de la mano de mi querida Pilar P. Calvete en Sevilla en el Instituto del Teatro de Sevilla, hasta que un día me explotó la cabeza. Fue sentada en el teatro Albéniz viendo por primera vez a la compañía de Pina Bausch. Supe que tenía que ir detrás de esa manera de moverse hermosa y tan llenísima de contenido, tan pegada a los danzantes. Decía Pina que lo que le interesaba no era cómo se movíam sus bailarines sino lo que les movía. Suscribo totalmente. Bailo, coreografío mi danza, porque lo que me mueve es tan fuerte que, si no lo hago, creo implosionaría. Bailo de mí y de las cosas que no acabo de entender, de lo que me frustra e inquieta. Sobre el escenario, en la sala de ensayo. Me hago preguntas que lanzo al espacio con la intención, más que de contestarlas, de gritarlas, exorcizarlas quizá. Puede que alguien las cace al vuelo y se sienta identificado con ellas. De hecho, mi primera coreografía, que hice durante mis estudios en la Folkwang Hochschule, (mi sueño se hizo realidad y estuve 2 años en la escuela dirigida por Pina Bausch) se llamó 2 minutos y medio, que fue el tiempo que necesité para contar lo que tenía que ser contado. Una coreografía bien escueta, contundente, que duraba exactamente dos minutos y medio, para no aburrir a nadie. Reconozco que ese miedo aún me acompaña, pero es que, cuando está dicho está dicho ¿no? ¿Pa qué alargarlo?


Ya desde ese primer momento introduje texto como la cosa más orgánica y natural del mundo. Bailar un par de minutos y medio, para decir lo que tenía que decir. La danza al servicio de lo que necesita ser contado. Me importa más el qué, que el cómo. Y para ello utilizo los recursos que estén a mi alcance.


Me encanta contar historias con mi danza. Siempre cuento, sea obvio o no, para las que me miran. No me interesa la literalidad, pero me aprovecho del vuelo poético que otorga la danza para hablar de lo que me interesa. Me fascinan las reinterpretaciones, lo que vosotras veis de lo que yo elaboro. Como público, claramente vemos y rescatamos lo que necesitamos ver. El escenario, la vida nos habla de nuestras necesidades. Como las embarazadas, que no dejan de ver preñadas a su alrededor…


Le siguió ganar el Certamen Coreográfico de Madrid y de ahí montar compañía, La Permanente, con la que todavía sigo creando proyectos cuando el viento sopla a favor. Tuve una época chula en la que me cayeron muchos encargos para Días de Dansa, Veranos de la Villa, Festival de Benicassim, Teatro de la Maestranza de Sevilla… El tiempo pasa y de ser apoyada y una joven promesa, de repente, ya no lo eres más. Rara profesión, rara vida. Subidones y bajones. Surfeando y buscando mantener siempre el equilibrio.


Soy una creadora irregular, me cuesta trabajar bajo presión y decidí pronto ser dueña de mis tiempos. Siempre me ha encantado la sala de ensayos, larguísimas horas durante años en el Horno (local en Tirso de Molina, Madrid) yendo a bailar, a patear al aire en busca de oro. Pepitas de oro desparramadas, sin haber fraguado en una tiara ni en una joya concreta. Pa mi cuerpo se queda. Me encanta coreografiar para compañías de teatro, estar involucrada en procesos creativos aportando mi visión cinética, acompañar a actores o bailarines a en la búsqueda de sentido en el movimiento, en su danza.


Y hace 2 años dejé de bailar, abandoné la danza. Más bien ella me abandonó, el cuerpo me falló y fue agónico. Morí.
¿Quién era yo sin bailar? Pero entonces, y no sé cómo, renací. Y aquí estoy, no sé hasta cuándo.
Haber sorbido semejante veneno me hace sentirme ahora muy agradecida, muy consciente de mi futilidad, saber que en cualquier momento podría volver a morir, así que… a bailar hasta que el cuerpo y el espíritu aguante. Sin metas, sin grandes expectativas. Cada paso, cada día, el mejor para seguir meneándome.


Mi último trabajo estrenado en octubre de 2021 es Bloody Mary y me sirve para hablar de la pérdida de poder de la mujer madura, el de la bailarina que habito. Acompañada del actor Antonio Estrada y dirigidos por Pilar Gómez, es una revisión de Blancanieves que nos sirve para reflexionar sobre cómo los roles de género juegan en nuestra contra y nos alejan más que unirnos.

Bloody Mary. © José Helguera


Inmersa en estos momentos en la autoventa, reivindico ese eslabón perdido de las artes escénicas, ese puente entre creadores y programadores, ¡esos ansiados distribuidores! ¿Algún distribuidor en la sala por favor? Tranquila y satisfecha, sabiendo que mi trabajo lo he hecho, y muy bien. Lo he dado todo en la sala de ensayo y hemos creado un mundo muy especial de una estética gótica muy sugerente. Estoy muy contenta con nuestra Bloody Mary. Si hay suerte y una estrella nos acompaña lo podréis ver, si no, como tantas joyas, se perderá en el espacio de las joyas perdidas. Sin acritud. Con serenidad.
Ahora seguiré caminado. Con el placer de bailar chiquito y con el canal bien abierto.


Y las palabras de Marta Graham que seguro conocéis, pero que es más que seguro, una maravilla volver a ellas una y otra vez.


Hay una vitalidad, una fuerza de vida, una energía que se transmite a través de ti cuando actúas, y porque sólo va a existir alguien como tú en toda la eternidad. Esta expresión es única, si la bloqueas no va a existir de ninguna otra manera; el mundo no tendrá lo que puedes ofrecer. No es tu trabajo determinar cuan preciado o bueno es lo que puedes ofrecer, ni siquiera es tu trabajo compararla con otras expresiones. Tu trabajo consiste en conectar con lo que puedes expresar de forma directa y clara, en dejar el canal abierto”.

Martha Graham
                                                                                            
“Yo hasta aquí he llegado, mañana, ¿quién sabe?”.
Isabel Muñoz