Crítica de Ojo de buey. Compañía Proyecto Larrua. Sala Cuarta Pared (Madrid). Ciclo Mover Madrid. 23 de abril de 2022.

Foto: © Estudio Lironda

© Estudio Lironda

Este fin de semana (viernes y sábado) la compañía Proyecto Larrua, con base en Vitoria-Gasteiz, ha presentado en la sala Cuarta Pared su último trabajo Ojo de buey. Una pieza para tres intérpretes (los dos directores, Jordi Vilaseca y Aritz López, junto a la bailarina Helena Wilhelmsson), que se desarrolla, con el acierto de una notable claridad expositiva, a través de escenas adecuadamente hilvanadas, que definen el relato de lo que parece ser una jornada en las pruebas de arrastre de bueyes. De esta idea, y alrededor de ella, como si fuera la primera capa de algo más profundo que conecta con temas como la humanidad animal, y al revés, parte un trabajo en el que destaca la diligencia con la que todos y cada uno de los elementos que lo componen, conforman su estructura y exposición.

El espacio sonoro, de principio a fin, es clara dramaturgia por la que se pasea sin posibilidad de pérdida. También los escuetos y sencillos elementos escenográficos, una cuerda y unas varas, que sirven a los bailarines para dibujar relaciones espaciales y reforzar la semántica del movimiento. La iluminación, sobre la que recae buena parte del peso poético de la obra, robustece la idea de unidad escénica y añade significados de espacio y tiempo.

La minuciosidad que conduce este trabajo, encuentra otra de sus máximas en la interpretación de los tres bailarines, que conjugan lenguajes corporales, de manera individual (con tiempo para solos que ponen de manifiesto la identidad de cada uno de ellos) y corales (con juegos de dúos y tríos), con un más que apropiado uso del espacio y complicidad física. Una obra que determina la fuerza de su resultado en eso tan complicado de la sencillez y la franqueza.

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