Ya estamos en marzo, ese mes en el que las mujeres tomamos la actualidad, pero también la actualidad se apodera de nosotras. A veces incluso como un trofeo, qué novedad, con el que algunos se hacen para no desentonar, al menos este día, en la nueva ola del feminismo.

Sin embargo, y hasta que la cosa no avance (los últimos tiempos, con algunas declaraciones de partidos políticos determinados, dan absoluto pavor por estar ante un nuevo retroceso) es importante seguir señalando el 8 de marzo como el Día Internacional de las Mujeres, de todas, de manera inclusiva e interseccional.

Mujeres del Philadelphia Ten Art Club, 1928. © Jeannie Nutting, colección de Emille Branson.

Sin embargo también, como todo lo que se acentúa en el calendario, este mes deja al descubierto lo que no ocurre en los anteriores. Es decir, la desigualdad, la falta de paridad, las violencias, los titulares desatendidos de perspectiva de género, los micro y macromachismos diarios, tan presentes como un pelo fuera de su sitio. Y así los dos grandes feminismos, el de la teoría, al que no cuesta tanto sumarse, y el de la práctica diaria, ese es otro cantar, construyen abismos de realidades absurdas. Y mientras aprendemos a ser feministas, desde que ponemos un pie en el suelo por la mañana, para que no se nos escape ni una (con tranquilidad, sin ira, que no gusta que nos enfademos tanto), llega marzo y todo se vuelve morado en la galería. Está bien, es necesario, poner el acento en lo que tiene que ser tenido en cuenta, pero quienes luchamos por un feminismo abierto y libre, con cierta hondura, vayamos más allá. Corremos el riesgo, si no, de quedarnos suspendidas en una tendencia, que como tal, solo sobrevive en la superficie.

Feministas históricas alemanas: Anita Augspurg, Marie Stritt, Lily von Gizycki, Minna Cauer y Sophia Goudstikker.

Desde el feminismo y el periodismo especializado en danza yo también libro pequeñas contiendas casi a diario. Intento abordarlas todas, poniendo un dedo con forma de 8m un 13 de abril, por ejemplo. Como en cualquier otro contexto laboral, los charcomachismos, están todo el rato, siempre presentes, como si lloviera a diario. Cuando me documento para un reportaje, cuando escucho en una entrevista, cuando leo noticias de colegas, cuando recibo algún email, cuando veo ciertas programaciones, cuando aparecen listas de espectáculos más vistos, destacados o candidatos a un premio, cuando asisto a reuniones… Me suelo defender con botas de agua verdes, moradas y rosas, y sororidad, aunque lamentablemente no siempre venga devuelta.

Ni musas ni secretarias, señores. Ni desapercibidas ni oportunistas. Ni paternalismo ni displicencia. Ni chiquitas de prensa ni chicas de blogs, el medio no hace a la periodista, sino sus textos y profesionalidad. Tampoco cuota superficial, que hasta que no se consiga la igualdad, la paridad, por mucho que os cueste a algunos, debe ser un derecho, se siente.

En este 8 M de 2022, también desde el sector de la danza, desde la creación, la programación, la interpretación, el periodismo… trabajemos en una articulación ecuánime de las prácticas de la construcción, representatividad y cuidado.

Feliz día.

Actualidad

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter