Mujeres y ritos

Crítica de Gorpuztu. Creación y textos: Eva Guerrero. Intérprete: Garazi Lopez de Armentia. 
Coreografía: creación colectiva. Composición e interpretación musical: Ainara LeGardon, Cristina Samaniego, Nerea Alberdi y Carla Sevilla. Diseño vestuario: Azegiñe Urigoitia. Diseño iluminación: Arantza Heredia. Diseño escenografía: ATX Teatroa. Teatro Barakaldo (Vizcaya). 26 de abril de 2019.

 

`Gorpuztu´, de Eva Guerrero. Foto: © Doos Colectivo

 

Rituales y religiones que dibujan la cultura popular internacional y la cristalización de su uso en el cuerpo, es la premisa que articula el recién estrenado trabajo Gorpuztu, mostrado el 26 de abril en el Teatro Barakaldo. Su directora y creadora, Eva Guerrero, emergente y prolífica en su actividad alrededor de la danza al frente de Doos Colectivo, pone en escena de manera clara y sin ruidos, ya que el movimiento también como mapa narrativo, es clave en la obra y se aprecia en primer plano durante los 55 minutos, un trabajo de corte espiritual y poso de folclor vasco, que suma una arista más a la personal lectura del rito que se propone en esta pieza: la solidificación de todo ello en la figura y cuerpo femeninos. En uno y otro, el rito y la religión, la mujer no sale bien parada a lo largo de la historia, y su recorrido ha sido el del intento de la liberación y la conquista de identidades individuales. Personificado todo ello en la dedicada y precisa interpretación de la bailarina Garazi Lopez de Armentia, este acento de emancipación femenina es sin duda esencial en la pieza y queda materializado con diversas referencias religiosas (la autoflagelación y el giro derviche, entre ellas), convertidas en danza, a través de esta lectura escénica del cuerpo, y en demanda, a través del de la mujer. Se apoya la obra en una escenografía austera pero eficaz, protagonizada por troncos de diversos tamaños, que son apoyo y salvavidas, pero también resistencia y muro de las lamentaciones. El vestuario, profuso y de referencias niponas al inicio, liviano al final, juega un inteligente rol como símbolo de opresión y escape, y deja imágenes realmente evocadoras, como esa, a pocos minutos de arrancar el trabajo, que recuerda al Lamentation de Martha Graham. Con música en directo a través de las voces, violín y tambor de cuatro mujeres, que acunan y reprenden a la bailarina en su recorrido, otorgándo a la obra cierto carácter de fábula, la pieza queda algo ensombrecida hacia su parte final con la irrupción de un pequeño texto declamado por la protagonista, que si bien pretender situar, provoca cierta ruptura en el tono de Gorpuztu, evocador trabajo de mujeres y ritos.