El acto de caminar como discurso de escenario y vida

Crítica de La Femme qui marche. Coreografía e interpretación: Natalia Fernandes. Música: Vicky Leaks. DT Espacio Escénico (Madrid). 7 de febrero de 2019.

 

`La Femme qui marche´, de Natalia Fernades. © DT Espacio Escénico

 

El acto de caminar como práctica escénica y de manera más concreta, como elemento coreográfico, nació hace más de sesenta años con la incorporación de gestos cotidianos y democráticos en el lenguaje de la danza contemporánea, incursión que tiene como abanderados a consagrados como Steve Paxton y que ha supuesto un interesante recorrido corporal en la historia del movimiento. En La Femme qui marche, trabajo en solitario de la bailarina y coreógrafa brasileña residente en Madrid, Natalia Fernandes, que se está mostrando en DT Espacio Escénico de la capital (hoy es el último día), la acción de caminar que vertebra la pieza, alcanza una nueva cota y lo que en su momento originario fue recurso corporal, estético o escénico, es aquí soporte fundamental y eje discursivo muy bien resuelto. El caminar como evolutivo idioma del cuerpo y como declaración de su existencia, también. Abrazada a sus piernas, camaradas de vida y obra, y mecida por el recuerdo de su infancia, la intérprete arranca en el suelo lo que durante 45 minutos (que transcurren como si fueran la mitad) será un viaje personal y universal hacia la verticalidad, a través del cuerpo y con una atmósfera de ritual conseguida por el progresivo y concentrado movimiento y la música original de la compositora Vicky Leaks. Mantra coreográfico y sonoro van de la mano.
Posee Natalia Fernandes un emergente lenguaje creativo marcado por su interés en la morfología del cuerpo y por sus interpretaciones propias, depositarias de precisión y solidez poética. Las dos, ejemplificadas en trabajos recientes como Anatomía y estrategia, ganador en 2016 de Me, myself and I del Certamen Coreográfico de Madrid, y en Bolero 2018, obra de Jesús Rubio para doce bailarines, mostrada el año pasado en el Centro Cultural Conde Duque, en la que Fernandes destaca por la entrega y delicada fuerza de su interpretación.
La eficaz sencillez de La Femme qui marche, en la que lo aparentemente anecdótico se eleva hasta reflexiones soterradas de perfil íntimo y categórico, encierra profundas capas de investigación que saben alejarse de lo obvio, situando este discreto trabajo como significativa cita con la danza en la escena del momento.