El periodismo (de danza) que me gusta

Una columna de opinión.
Una habitación propia en la que escribo en primera persona sobre danza, más allá del escenario.

 

Woman writing. © Natalia Petri

 

Hace algo más de un mes, con motivo del séptimo aniversario de UNBLOGDEDANZA, me hicieron una entrevista para el portal de artes escénicas Masescena. En ella se me preguntaba por este medio de comunicación digital, que monté en uno de mis muchos arrebatos de libertad y periodismo (y de periodismo libre). Por mi visión sobre la actualidad de la danza, por mis principios periodísticos… La entrevista me situó en dos frentes: el primero, en el de contestar, espacio habitualmente habitado por el de preguntar; el segundo, en el plano de reflexionar, recorrer y elaborar un dicurso sobre el periodismo que me gusta. El periodismo que hago, o intento.

Como la danza sigue siendo una disciplina no tomada en serio con el suficiente peso, interés y entendimiento que merece (en políticas culturales; medios de comunicación; programaciones generales, etc) relegada a un esquinazo cultural absolutamente inmerecido producto de la desinformación en gran medida, la labor periodística desarrollada en su especialización, también sufre carencias. Y cuando existe, suele provocar sopresa y arrinconamiento.

“¿Cómo llegaste a especializarte en danza?”. Esta pregunta, menos pertinente para periodistas que se ocupan de deportes, economía o política exterior, incluso cine, me ha acompañado casi desde los inicios de mi trayectoria como profesional de esto, hace 20 años ya. No me molesta, yo también soy curiosa y amante de no juzgar hasta el final (a veces me hubiese venido mejor hacerlo antes), pero evidencia y plantea más cuestiones. Mi respuesta: “como espectadora”. Como espectadora de cualquier cosa se llega a su conocimiento. Estudiaba periodismo. Veía mucha danza. Tenía que pasar. “Just happened”, como me devolvió hace poco una colega americana. “Pero, ¿tú eras bailarina?”, es lo que sigue. “No, periodista”.

Y desde el periodismo me acerco a la danza.

En la entrevista no se me plantearon ninguna de las dos cuestiones. El conocimiento manda. Pero habitualmente me escriben estudiantes con interés en la danza, y estas dos preguntas siempre caen.

Trabajar alrededor de la danza desde una comunicación profesional (hecha por profesionales de la comunicación) pasa por un montón de lugares. Me quedo con dos. Ataviar la danza con la seriedad que merece y situarla en el lugar que le corresponde, desde el conocimiento del periodismo y sus reglas (un comentario largo en la red, no es una crítica ni una crónica; un simple cuestionario, no es una entrevista); y trabajar en un periodismo que no ha de ser menos, por el hecho de dedicarlo a la danza. Por supuesto, hay más: que te vaya la marcha de convertir en reto una dificultad; que no dé miedo lo de ir, a veces, a contracorriente con la cuota pertinente de soledad profesional y que te guste y creas en lo que haces. A mí me va todo eso y más.

Lo digital es fantástico. La red y sus numerosas plataformas posibilita la libertad de publicar lo escrito sin los numerosos filtros que abastecen lo analógico. Proporciona inmediatez, cercanía, comodidad… Y si lo que se elabora es contenido alrededor de la danza, la cosa se enriquece aún más pudiendo configurar un artículo de lo más completo con palabras, imágenes, vídeos, hipervínculos, etc. No hay duda, el periodismo, con lo digital, también ha visto crecer sus posibilidades. Y eso me encanta. Pero también la confusión. Y eso me gusta menos. Soy partidaria de que escriba y publique quien quiera, faltaría más. Pero escribir bien (o regular), no es periodismo escrito. Y qué más da que lo sea, si está bien hecho. Cierto. Pero nombrar viene a ser definir. Y definir implica situar.

Por otro lado, la ética periodística también debe cruzarse con la del periodismo especializado en danza. Y aferrarse a ella, según los principios periodísticos y los personales, debería ser asignatura obligatoria de principio a fin. Aunque te suponga darle la espalda a proyectos iniciados y ofertas por venir. El qué y el cómo va unido; lo dicho y lo implícito, también.

Sin periodistas no hay periodismo, se suele decir (a veces, con periodistas, tampoco).

Y así, llego a una conclusión tan básica como, a veces, invisible: ni la danza es menos relevante que cualquier otra manifestación artística, ni el periodismo especializado en danza, es menos periodismo que cualquier otro. Aunque a veces pueda parecerlo.

 

 

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