Boceto Efímero #5. Testimonio de un proceso de creación (1)

Leo: “En este taller-encuentro, Mónica Runde compartirá con todos los asistentes su proceso creativo para hacerlo suyo”. Pienso: ¿cómo sería informar de danza desde el proceso de creación de una pieza? Observar, estar, tal vez proponer, escuchar, anotar, redactar… y luego contarlo. Sigo leyendo: “Público al que va destinado: cualquier persona con inquietudes creativas y ganas de participar en el proceso de diseño de una performance”. Propongo la idea y es bien recibida. Pido acreditación y me lanzo.

Marco del taller: Exposición La bailarina del futuro. De Isadora Duncan a Josephine Baker.
Taller performance: Boceto efímero #5
Lugar: Fundación Telefónica (Madrid)
. Fechas y horarios: Del 19 al 22 de junio de 16´30 a 19´30h
Imparten: Mónica Runde e Inés Narváez

 

Mónica Runde e Inés Narváez al inicio del taller en Fundación Telefónica. © Mercedes L. Caballero

 

DÍA 1

Estoy nerviosa. Con ganas. Es la primera vez que participo en un proceso de creación de manera tan directa. Este periodismo de danza que hago desde hace tanto me sigue dando alegrías. Siempre hay cosas que contar. Siempre hay formas de contarlo. ¿Qué me pongo? Aun no sé hasta que punto podré participar, pero no me gustaría comparecer como intrusa. “De calle”, me aclara Runde.

En el hall principal de la Fundación Telefónica nos espera un trabajador del edificio, identificado con tarjetita al cuello y amabilidad, que comprueba nuestros nombres. La inscripción es gratuita, pero hay un cupo de asistentes. Unos veinte, en este caso. Los futuros compañeros, la mayoría ya esperan allí, componen un amplio abanico en edades. Entre 20 y 50, diría yo. Más mujeres que hombres. En la Facultad de Periodismo también éramos más mujeres que hombres. Y en las librerías de mi salón. También en la exposición La bailarina del futuro sobre la que va a girar esta performance: Isadora Duncan, Loïe Fuller, Joséphine Baker, Tórtola Valencia, Mary Wigman, Martha Graham, Doris Humphrey y Rudolf von Laban. ¿Qué hace ahí Laban? Será por su método de notación coreográfica enmarcado en los veinte del siglo pasado, franja en la que se desarrolla gran parte de la expo. Pero no es tiempo de preguntas.

Subimos a la tercera planta. Saliendo a la derecha y luego a la izquierda, las bailarinas y coreógrafas Mónica Runde e Inés Narváez nos esperan en una amplia sala. Saludos, sonrisas… parece que todos comparten mis ganas. En una pared, se proyectan imágenes de anteriores Bocetos Efímeros de estas dos creadoras. Runde y Narváez vienen desarrollando estas performances en galerías y museos desde hace años. Se nos invita a sentarnos en círculo. Hay cojines y sillas. La mayoría elige suelo. A mí me encantaría, pero decido silla por ir escribiendo más cómoda. Si veo que mi altura desentona o fractura, me bajaré. Pero allí no parece desentonar nada. Bien.

Mónica Runde se presenta. Sin mucha formalidad, cercana y sobre todo modesta (conozco su recorrido). Habla de su trayectoria. También Inés Narváez. Contextualizan y se centran rápidamente en el qué hacemos allí. “Se trata de meternos en el mundo creativo de un artista, en este caso en el de los comisarios de la exposición (María Santoyo y Miguel Ángel Delgado, que ha contado con la colaboración de Ibis Albizu, experta en teoría de la danza y Agnès López Río, bailarina) y de las mujeres sobre las que gira la muestra”, explica Runde. “Trabajaremos todos juntos y aportaremos ideas, nos moveremos”. “Yo tengo dudas existenciales ya”, dice Narváez. “Pero las tengo con todo. Mónica, no”. Risas. El ambiente es relajado y hay escucha concentrada. Pronto, las preguntas de mis compañeros empiezan a brotar. “¿Cómo ha surgido este taller?; ¿las performances las proponéis vosotras u os las piden?”. Fluye el interés. A mí me sirve para empezar a constatar que no todos allí vienen del mundo de la danza. Al final de esta primera jornada de taller les pregunto. Bailarinas, coreógrafas, actores y actrices, una profesora de danza, pero también un fotógrafo, un comisario y una secretaria. Me gusta.

Volvemos al tema de la exposición y Mónica Runde pregunta qué nos ha parecido. “Para mí”, apunta ella, “no se trata solo de una muestra alrededor del nacimiento de la danza contemporánea. Sino una reflexión sobre la liberación total de la mujer”. Todos (todas) asentimos.

Empiezan a surgir (yo permanezco callada) las primeras ideas y conceptos: rigidez y luego liberación para volver a la rigidez de Graham; la capacidad de elementos externos para transformar el cuerpo (“a Isadora le influía su vestuario a la hora de moverse”, explica Runde); las referencias a la naturaleza, al sonido del cuerpo. Se habla de los diferentes planos de creación de esta exposición y de sus texturas y colores. “Loïe Fuller ha sido mi gran descubrimiento”, nos cuenta Inés Narváez. Alguien comenta que no ha visto la exposición. Runde propone verla todos juntos. A las 17´15h empezamos la visita.

Nos detenemos en cada creadora y empiezan a surgir ideas concretas. Delante de los paneles ubicados en Isadora Duncan, en los que se proyecta un mar revolucionado con mucha ola y ausencia de sonido, a mí me viene un pensamiento sobre la agresividad del silencio. Y una imagen, la fotografía de Bill Viola y esas caras, a menudo de dolor, que bailan a cámara lenta en una impactante coreografía gestual. Me imagino a alguna compañera del taller haciendo lo propio, pero en vivo, delante o detrás de algún panel. No digo nada. A lo mejor luego lo comparto.

 

 

Seguimos recorriendo la exposición y coincidimos con un grupo de señores y señoras de unos 60 años que atienden a las explicaciones de una guía. Les escucho. Y sus preguntas se mezclan con las que yo me hago y las que van haciendo mis compañeros. “El vestido parece una serpiente”, dice una señora. Hablan de Tórtola Valencia. Oigo a Inés Narváez diciendo “con nuestra performance decidiremos una nueva lectura de la exposición” y vuelvo a lo nuestro. Al final de la expo y como puerta de salida, hay una cortina. Me acuerdo de los 18 intérpretes desnudos de Tragédie, de Olivier Dubois. Volvería a ver ese trabajo. También pienso en Marina Abramovic y el Museo de Louisiana. Ganas de volver a Dinamarca. Pero volvemos al aula.

De la abstracción de los conceptos surgidos en el primer contacto de esta jornada, construidos sobre el recuerdo de la exposición, se pasa a la concreción de ideas. La importancia de observar y estar. Se empieza a decidir no intervenir los espacios dedicados a Fuller y Wigman por la gran carga dramática y espacial que tienen; una compañera muy joven habla de popping; otro de cuerdas y telas que reflejen la opresión y posterior liberación (“si necesitas probar con una tela, tráetela mañana”, le aconseja Runde); Narváez nos recuerda que la única creadora de la exposición que utliza el suelo es Mary Wigman y se decide sobre la necesidad de este elemento para la performance. De ahí surge la palabra muerte. Y respiración (vida). Y muerte otra vez. Blanco, negro, post-it, corsé, Wagner, el público…

Ya son las 19´30h. Yo hubiera dicho que las 18´00h. Tempus fugit. Mañana a la misma hora aquí.

Continuará…

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