Lejanía

Crítica de Pasionaria, La Veronal. Idea y dirección artística: Marcos Morau. Coreografía: Marcos Morau y los intérpretes. Teatros del Canal (Madrid). 2 de junio de 2018. Estreno absoluto.

`Pasionaria´. © La Veronal

 

Situado en la escena nacional e internacional como reconocido y solicitado creador, Marcos Morau, al frente de su colectivo La Veronal, mostró anoche Pasionaria, último trabajo que tuvo su estreno en Teatros del Canal y se desarrolló entre una convicción estética momentánea (el poder de las imágenes se torna frágil demasiado pronto) y un resultado, que si bien contiene la notable contribución del habitual universo del director, acaba desembocando en una composición algo velada e irregular, de buscada lejanía (también espacial, todo transcurre al fondo del escenario) e intencionada falta de transparencia óptica (la evocación por encima de la nitidez). La pasión, o la ausencia de ella, como paraguas de una sociedad futura (o presente), es eje reflexivo de esta pieza enmarcada en una inquietante y depurada escenografía, que puede ser sótano, búnker, almacén o cualquier sitio desprovisto de entusiasmo, por el que deambulan seres autómatas, con ligeras reminiscencias del ser humano y claras singularidades de androide. En este sentido, el lenguaje de los bailarines (entre los que se incluyen Chey Jurado, intérprete procedente de las danzas urbanas, acento sustancial de la propuesta) juega a favor y es clave para la resolución del discurso corporal. Pero también entra en reiteración con demasiada frecuencia dejando asomar un vocabulario coreográfico quebradizo, percepción que se acentúa en el único momento coral de los ocho bailarines, que pena de cierta ingenuidad y precisión. Estructurada en delimitadas escenas (crucial el diseño sonoro de toda la pieza), muy clara en lo formal, algo menos en su dialéctica, Pasionaria transcurre entre una fuerza transitoria de mashup visual, repleto de referencias artísticas (cunde lo cinematográfico y lo nipón) y la grieta de cierta inactividad que no consigue encontrar en la contemplación de las imágenes propuestas (poderosas unas, anecdóticas otras, de señalada consideración siempre) la contundencia necesaria, alcanzada en otros trabajos de Morau.