Búsqueda y rito

Crítica de Caída del cielo. Rocío Molina. Teatro Español (Madrid). 16 de febrero de 2017.

 

`Caída del cielo´, de Rocío Molina. © Pablo Guidali

`Caída del cielo´, de Rocío Molina. © Pablo Guidali

 

Arranca Caída del Cielo, obra más reciente de Rocío Molina (Málaga, 1984), con dos de los elementos que marcarán la naturaleza del viaje en el que cristaliza este trabajo: el suelo y el silencio. Dos piezas recurrentes en el lenguaje de la danza contemporánea, que anuncian, en este contexto, la querencia libre del discurso de esta creadora, situado en un flamenco despejado, y por lo tanto evolutivo y más universal. Será el suelo, y la relación que Molina establece con él, determinante a lo largo de la obra. Y además de presentarlo como sustento para la habitual verticalidad que marca la interpretación en el flamenco, y sobre el que muestra, entre otras cosas, el control que ostenta con el zapateado, también lo hace cómplice para caer sobre él, frotarlo, abrazarlo y recorrerlo en horizontal, rodilleras incluidas. Elena Córdoba, veterana coreógrafa de danza contemporánea, colaboró con Molina para este trabajo de suelo. No son estas dos herramientas las únicas que muestran en Caída del cielo los derroteros por los que avanza la concepción creativa sobre el flamenco de Rocío Molina, y suman en apertura a la propuesta, la dirección y disposición musical, dibujada por cuatro intérpretes (fundamental la percusión y electrónica de Pablo Martín Jones), la dirección artística de Carlos Marquerie, que viene colaborando con la bailarina en varios espectáculos desde 2009, desde el estreno de Cuando las piedras vuelen, trabajo clave en la trayectoria de Molina, y por supuesto, ella misma, vehemente y detonadora, a veces dramática, otras divertida, que viene encontrando su fuerza en la frescura de la búsqueda que desarrolla y en la contundencia que su cuerpo y baile le proporcionan. Con una limpia y minimalista escenografía, con la luna como anunciadora y guardiana, navega la obra desde lo luminoso a la oscuridad e indaga en estereotipos y roles asociados al flamenco y a la mujer, muy presente en últimos montajes de la coreógrafa malagueña. Apegada a la espontaneidad y la improvisación, que viene trabajando en su serie Impulsos, Caída del cielo, trabajo producido por el Théâtre National de Chaillot (París), donde la artista es residente, contiene la solemnidad del escenario y el descaro de la naturalidad.

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