Complicidad

`Reflexiones de una disléxica´. © Nohelia Velo

`Reflexiones de una disléxica´. © Nohelia Velo

 

Crítica de Reflexiones de una disléxica. Dirección y coreografía: Inés Narváez. Interpretación: Inés Narváez y Mónica Runde. DT Espacio Escénico (Madrid. Hasta el 28 de noviembre).

Reside la belleza (mucha) de este espectáculo en varios planos, todos ellos articulados en una medida que se antoja justa (en su exhibición y contención, en el dolor y la frescura que exudan) al cabalgar con gran coherencia por las vivencias (o reflexiones) que se quieren hacer llegar y el conocimiento (o intuición, Inés Narváez es joven creadora) sobre la escena que finalmente resulta. Auspiciada por el muy acertado título Reflexiones de una disléxica y arropada por un vestuario de voluptuosos vestidos, depositarios de mucha de la poesía y carga dramática que respira este trabajo en no pocas ocasiones, aborda esta obra cuestiones con las que lidiar, cotidianas en las personas que conviven con dislexia, haciendo del movimiento un gran aliado para ello y de la puesta en escena e interpretación de las dos protagonistas (la coreógrafa junto a Mónica Runde, también asistente de dirección del espectáculo) la principal herramienta en la consecución de la concluyente eficacia de este trabajo, que reposa, también, en la enorme complicidad de las dos intérpretes, abanderadas de una comunión total, a pesar de la distancia que las separa en el planteamiento de la obra, tal y como pone de manifiesto de manera categórica, la escena final, tan intensa como física y emotiva.

Publicado en Susy-Q. Revista de Danza. Mayo-Junio de 2015.

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