Garachico escénico

`Yemayá´, de Paloma Hurtado. © Cuadernos Escénicos

`Yemayá´, de Paloma Hurtado. © Cuadernos Escénicos

 

De Garachico, localidad situada al norte de Tenerife, sorprenden varios elementos: la arquitectura (trabajada y preservada alrededor de ese criterio que mece el buen gusto); el entorno (naturaleza y mar cuidadas desde su estado más salvaje)… pero llama la atención especialmente, y ubicándonos en lo que nos ocupa, el más que aparente proyecto cultural existente en este pequeño municipio de unos 5000 habitantes, que respira creencia firme, más que apuesta, en torno a lo artístico, y arropa sus posibilidades arquitectónicas con muestras, eventos y propuestas alrededor de diversas disciplinas que se desarrollan durante casi todo el año. Querencia por parte de quienes pueden y participación del lado de sus habitantes, parece ser la eficaz fórmula resultante. Cultura y participativa.

En este contexto geográfico, social y cultural, se ha gestado el festival Cuadernos Escénicos, que está cumpliendo desde el 24 de julio y hasta esta noche, su cuarta edición. Un encuentro para la danza contemporánea desde la exhibición de últimas creaciones locales (la muestra apuesta por la visibilidad de trabajos y creadores canarios), nacionales e internacionales y desde lo didáctico, con la inclusión de talleres, que promueve al tiempo la máxima de cooperación tan característica de la localidad de Garachico. “Es un municipio en el que el pueblo participa activamente de cualquier evento que se da aquí”, declara Roberto Torres, bailarín, coreógrafo y director de Cuadernos Escénicos. “Lo cultural está muy presente a través de un proyecto desarrollado con gran solidez del que la gente del lugar se siente parte activa y muy orgullosa. Y aunque el público estaba ahí, deseoso, en estas cuatro entregas de Cuadernos Escénicos se ha visto cómo ha ido creciendo. Siento que se ha recibido con satisfacción y lo sienten como algo suyo”, afirma el director.

`G Ritos´, de Roberto Torres. © Cuadernos Escénicos.

`G Ritos´, de Roberto Torres. © Cuadernos Escénicos.

Con formato de circuito dancístico guiado (en la primera jornada del 24 de julio con los propios artistas como conductores; en la noche del sábado 25, con las plazas del municipio, adornadas por las fiestas que se celebran actualmente en el lugar, como marcadores del itinerario), arrancó Cuadernos Escénicos poniendo sobre la escena uno de sus principios: el de la diversidad. De lenguajes, formatos y trayectorias. Con énfasis en la exhibición y la formación. La bailarina y coreógrafa canaria Paloma Hurtado, fue la encargada de inaugurar la programación oficial de la muestra el 24 por la noche, tras la participación esa misma mañana de la compañía Entredanza y su propuesta para los más pequeños. Mostró la creadora e intérprete canaria la pieza Yemayá, trabajo ubicado dentro de Iwa-Pele, espectáculo de mayor duración, acompañada del músico Samuel Aguilar, componiendo un dúo de exótico aroma en el que brilló la fuerza interpretativa de esta bailarina, colaboradora habitual del Tenerife Danza Lab, y su cadencia coreográfica. Ya dentro del Convento de Santiago, se pudo ver el resultado del taller que han desarrollado los creadores y bailarines Jazmín Chiodi y Alexandre Iseli, directores de su propia compañía afincada en Irlanda, que brilló por la composición, acertadamente adecuada a los espacios brindados por el convento, así como el ecléctico montaje que supo encontrar el equilibrio a la hora de mostrar lo resultante de trabajar con bailarines de diversas procedencias y niveles interpretativos. Brindis, de la Compañía Mobba; G Ritos, solo coreografiado e interpretado por Roberto Torres y Cristal de Luciérnagas, pequeño extracto de un trabajo mayor del mexicano Alonso Alarcón, que indaga en la identidad dancística mexicana y la humana universal, completaron el recorrido de esta primera entrega del Cuadernos Escénicos.

`Vertebral´, de Daniel Abreu. © Cuadernos Escénicos.

`Vertebral´, de Daniel Abreu. © Cuadernos Escénicos.

 

Se vieron en la segunda jornada del 25 de julio trabajos de Laura Marrero, Vane Lunática, En B Danza, el siempre bien acogido Postskriptum, con coreografía de Francisco Córdova y enérgica y cómplice interpretación de Kiko López y Héctor Plaza, que también cautivó al público de Garachico, y Vertebral, solo de Daniel Abreu entre lo terrenal y lo intangible, que responde a la honestidad corpórea y emocional en la que se mueve este creador, en contundente estado de madurez creativa desde hace tiempo. Dos trabajos, estos últimos, integrados en la Red Acieloabierto, a la que también pertenece la muestra de Garachico.

En esta última jornada del 26 de julio, Jordi Cortés, con un taller de diversidad funcional más la pieza Ciclamen-Cita a ciegas; La Kor´sia y Paula Quintana, cierran la cuarta edición del Cuadernos Escénicos. Un festival en el que danza y comunidad respiran al tiempo.

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