Hola, soy coreógrafa. Mónica Runde

Texto de Mónica Runde para la sección “Hola soy coreógrafo/a”. Idea y coordinación: Mercedes L. Caballero.

`A la hora del té´ (Episodios). © Jesús Robisco

`A la hora del té´ (Episodios). © Jesús Robisco

 

Hola, soy coreógrafa. Ser o no ser coreógrafo en este país depende de las ganas y habilidades que tengas de ser además empresario, productor, gestor, distribuidor, contable, diseñador gráfico, conductor de furgonetas, administrativo, responsable de la telefonía, descargador, planchadora, maestro, bailarín, repetidor, relaciones públicas … profesiones adjuntas a la de coreógrafo en España. Una quisiera ser creadora, dramaturga, hilvanadora de pasos, hacedora de imágenes poéticas y se encuentra…… con eso otro.

Hola, soy trabajadora multiusos de la danza en España.

Citando al Maestro Nieva: “Lo serás. Pero, ¿y si no lo eres? ¿Y si no fuera que lo fueses? ¿Y si ello fuese que no fuera?”(*). Podría ser la descripción de un coreógrafo en este país.

Durante años pensé que había que hacer, mejor que no hacer, y es ahora más de treinta años después que me doy cuenta cómo esa decisión – cuasi colectiva – nos ha llevado a la autoexplotación, a la endogamia de la profesión y a que no haya compañías con una estructura estable donde bailarines puedan desarrollar su trabajo y donde un coreógrafo pueda dejar volar su imaginación sin otras profesiones añadidas.

Manejar cuerpos en el espacio, un equipo artístico que te vista esos cuerpos y ese espacio, crear poesía con el movimiento, la luz y las texturas. Emocionar al público con imágenes que están solo en tu cabeza. Moldear cuerpos durante días en un estudio hasta que se muevan como tu imaginaste. Que los cuerpos desmenucen el espacio en líneas, puntos, curvas, intensidades, tiempos y tempos, manejar emociones. Crear dramaturgias que nadie escribió y no sabes ni cómo salen de tu inconsciente. Trabajar con compositores que escuchan violines, congas, pianos, txalapartas u orquestas. Eso es lo que hago, me gusta hacer y desearía morir haciendo.

Hola, soy coreógrafa.

`Oro´ (Episodios). © Jesús Robisco

`Oro´ (Episodios). © Jesús Robisco

 

Envidio a los creadores que frente a un ordenador o en soledad y de pie frente a un lienzo, pueden iniciar su locura creativa. Desearía poder retirarme al borde del mar y continuar siendo coreógrafa, como quien se retira a escribir un libro o a preparar una exposición o componer una sinfonía… eso que fomentan tantas residencias de autor-creador–bailarín.

Quizás será porque estamos en crisis y mantener una creación-compañía-residencia es pelín más caro.

Yo me niego a formar parte del momento, este momento, que ha desterrado al coreógrafo a ser baila-autor o duocompartocreaciónyescena (así, sin espacios y sin tiempo para respirar).

Y como también soy intérprete, si bailo un solo que sea otro que lo piense, los cree y disfrute desde fuera, como COREÓGRAFO, de una intérprete.

Yo, COREÓGRAFA, quiero montar la Pasión según San Mateo con 26 bailarines, coros y orquesta.

Los bailarines, mis pinceles, mis letras del abecedario, las notas y sus claves, mi tinta y tintero, mis materiales. Quisiera tener más tiempo con ellos y poder hacer bocetos, tener la libertad de arrugar algún boceto que otro y tirarlo a la basura, o guardarlo para desarrollar el cuadro en un futuro y colorearlo con música y luz y, si procede, seguir adelante hasta ponerle un marco.

Mis materiales de creación son caros y en una sociedad que valora el arte escénico (confundido con el entretenimiento) por su productividad económica, hace que el mero hecho de ser coreógrafo te introduzca en la lista de animales en peligro de extinción, junto con el jaguar o el tigre de Bengala. Como ellos, somos bellos y decorativos, quizás por eso nos siguen dando migajas con las que nosotros, casi convencidos de que somos taumaturgos, conseguimos crear. Junio de 2015. Mónica Runde. Bailarina, coreógrafa y directora de la compañía 10&10 Danza.

(*) Salvator Rosa o el Artista, de Francisco Nieva.

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