Hola, soy coreógrafo. Daniel Abreu

Texto de Daniel Abreu para la sección “Hola, soy coreógrafo/a”. Idea y coordinación: Mercedes L. Caballero

DanielAbreu©JesúsRobisco

Hola, soy coreógrafo y tengo cierta dificultad para contar qué es lo que hago, si no es haciéndolo. Coreografiar va de organizar cuerpos o materia con música y silencios, tarea extraña y nada fácil. Nuestro cuerpo organiza y choca contra el aire, para que el espectador choque contra ideas, espacios emocionales o acciones. Para crecer hacia adentro, sin más, y es que cuando uno tiene las necesidades del cuerpo cubiertas, usa el cuerpo para cubrir las necesidades del alma.

Hago algo que materialmente no se puede comprar, pero se vende, existe y habla de forma. Pero resulta complejo hablar de lo que es experiencia. Y es que la tarea de un coreógrafo es saber observar y saber colocar, respetando el espíritu de la obra y su coherencia; como cocinar pero con personas y objetos en ritmo. Siento que mi tarea es “experienciar” el mundo, atreverme a poner en un lugar visible aspectos humanos de un cuerpo que se mueve. Detrás hay cabeza, pero no desde esa parte racional que lo ordena todo, yo no. Hay cosas que hago que no quiero entender ni como coreógrafo ni como persona. Prefiero que sea el subconsciente quien tome el mando, y el tiempo pondrá palabras, si es que son necesarias.

Hoy día como coreógrafos apenas organizamos el movimiento de una o dos personas y pienso que lo de los coros parece que ya no se lleva, o es más acertado decir que no se llega con los presupuestos y soportes existentes. Hay manos que se cuestionan esta tarea, y no le dan el espacio y la ayuda que se necesita. Pero aquí estamos con el mismo nombre, sus quehaceres y dificultades.

Yo me paso muchas horas delante de un ordenador, más que de un espacio que habitar en movimiento, y aún así llevo a mis espaldas millones de pasos de baile, más de cuarenta coreografías, el reconocimiento que dan los premios, y la duda.

Danielabreu2.jesusrobisco

Ahora mismo estoy sentado en un estudio de danza que comparto con cuatro creadores que vienen de diferentes países. Cada uno trabaja en su material y nos observamos en proceso. Apenas hay música, sólo sonidos y movimientos. Tras estos cinco días de observación nos quedaremos con imágenes, y con la experiencia de ver como crece y se evade la tensión. Empujamos los músculos con la idea de sacar algo nuevo, y con ello, mucha charla, a mi me sobran preguntas y respuestas y me falta acción. Yo soy más de moverse.

Como autocrítica, ayer escuché a alguien que sabe mucho de esta profesión, referirse a un coreógrafo de la siguiente manera: “este es bueno en la teoría, pero le falla la práctica”… y yo pensé: “el que sabe hablar de comida y no sabe cocinar no es cocinero, no?, entonces, ¿esto qué significa?… Me pregunto si en esto de la creación coreográfica contemporánea ya no importa con qué se baila ni para quién. Yo puedo decir quién soy por lo que he hecho, y no quiero defenderlo de otra forma, y es que aunque pueda no es mi tarea.

Y como defensa, en esto del para qué, algunos no entienden lo que hacemos, y cuestiono si es posible explicar el día, o el pasar de las nubes. Se da mucha importancia al hemisferio izquierdo del cerebro, olvidándonos del más intuitivo. Y es que no puede haber un lóbulo sin el otro… Me pregunto si la lobotomía sigue en práctica, y lo hago sin juicio, sólo como observador de la continua castración a lo que no se entiende en lo racional o no se vende como materia.

Cuando uno observa un bosque, o un mar, observa el resultado de la danza de la vida, un movimiento continuo de crecimiento y de sus intenciones. Por qué dar palabras o sentido a la vida. Es así y así lo entiendo yo. Solo formo parte de ello y respeto el impulso. Nada me lleva a hacer otra cosa. Reitero que uno tiene una mano derecha porque hay una izquierda. Decir que una es más importante que la otra es negarnos como seres enteros, es negar la vida, y esta si algo es, es danza. No hay nada en este planeta que con un buen impulso no baile, que no queramos verlos habla de nuestras dificultades no de lo que en verdad existe. Diciembre de 2014, Daniel Abreu. Bailarín y coreógrafo. Premio Nacional de Danza 2014.


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