Cómplices

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Vaivén, estreno en el Mes de Danza de Sevilla, en el Teatro Central (4 y 5 de nov.) Y posteriormente, en el Mercat de les Flors de Barcelona (8 y 9 de nov.), el Festival de Otoño a Primavera, en Madrid (del 11 al 13 de dic.), el Teatro Góngora de Córdoba (24 de enero de 2015) y el Grand Théâtre de la Ville de Luxemburgo (7 de febrero de 2015).

Cada uno por separado ostenta una prolífica trayectoria. Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola (Legazpi, 1966), formado en música desde niño (algo que sella sus creaciones coreográficas), ha desarrollado la mayor parte de su universo artístico fuera de nuestro país, con colaboraciones junto a grandes nombres de la danza internacional como Emio Greco, Lloyd Newson, Sidi Larbi y Damien Jalet, y desde 1995, junto a la creadora alemana Sasha Waltz. En sus trabajos más recientes se encuentra Casi, coreografía creada para la compañía Danza Contemporánea de Cuba. También con acento transfronterizo y colaborativo se perfila el quehacer de Antonio Ruz (Córdoba, 1976), formado en danza española, flamenco y ballet, que pasó por las filas de compañías como el Ballet del Gran Teatro de Ginebra y el de la Ópera de Lyon, como intérprete, y ya, desde preceptos más contemporáneos del movimiento, al frente de su propia compañía. Además de expresiones dancísticas, a Kruz y Ruz les une una trayectoria de colaboraciones originadas junto al colectivo de Sasha Waltz, con quien Juan Kruz Diaz de Garaio Esnaola lleva trabajando desde 1995 y Antonio Ruz desde 2007. Intereses comunes, universos creativos cercanos y una profunda admiración y respeto por el trabajo del otro, han presidido esta contribución creativa que se han hecho el uno al otro en diversas ocasiones y que parece encontrar, con Vaivén, una nueva cima. Se perfila como un trabajo generoso, esta nueva creación, en el que cada uno de ellos ha querido ponerse en manos del otro para ser dirigido y guiado. Compuesto por dos solos independientes, en los que Kruz y Ruz son intérpretes de sí mismos y del otro, instrumentos y manual, espejos de sí mismos y su compañero, Vaivén se manifiesta casi como un regalo mutuo de puertas abiertas, al que se nos invita.

Siguiendo esta línea de entrega, los creadores han aceptado crear dos textos en los que hablan de este encuentro coreográfico y su visión del otro.

SOBRE ANTONIO (Texto: Juan Kruz Diaz de Garaio Esnaola)

Antonio © Jacques-André Dupont IMG_7902

Conocí a Antonio en 2006 bailando en Fantasie, que Sasha Waltz coreografió para el Ballet de Lyon, del que Antonio formaba parte entonces. Más allá de admirarlo en el escenario y de cruzarnos brevemente dentro y fuera del estudio en un par de ocasiones, apenas intercambiamos un par de frases. Nuestro siguiente encuentro fue en el proceso de investigación para Roméo et Juliette, que serviría como base para la creación que Sasha realizaría para la Ópera de París. Y hasta que Antonio tuvo que abandonar ese proyecto porque yo le rompí (¡inintencionadamente!) un dedo del pie, ese primer encuentro en el que compartimos espacio creativo me dio la oportunidad de comenzar un más que enriquecedor viaje de acercamiento a Antonio, desde el testimonio de su integridad en borrar diferencias y jerarquías entre el artista y la persona, hasta el descubrimiento en él de talentos, sensibilidad, imaginación y un compromiso que me sedujeron y emocionaron. Mi curiosidad por seguir conociéndole me llevaron a invitarle a tomar parte de Ars Melancholiae, primer proyecto mío en el que Antonio bailaría, y en el que le hice cantar por primera vez.

Desde entonces, también he tenido oportunidad de seguir descubriendo a Antonio y su universo en su propio trabajo como coreógrafo (No Drama, Ojo, Libera me!). Siempre me conmueve constatar la exquisita fineza de las cualidades artísticas de Antonio, la atención infatigable, y rigurosa con la que cuida todas las etapas del desarrollo de su discurso: desde el génesis de la idea o desde su urgencia creativa, hasta el proceso de investigación, con un increíble mimo por todo lo que de artesanal tiene el proceso creativo. Y ser testigo de la entereza contundente de su cuerpo como medio expresivo cuando se presenta en un escenario me despierta siempre una intensa emoción; su variedad de registros y de colores interpretativos, la amplitud y dominio de sus recursos, su sorprendente maleabilidad, y la musicalidad que desborda son continuamente fuente de inspiración para mí.

Pero si todas estas cualidades, el dominio que tiene de ellas y su brillantez y virtuosismo despiertan mi admiración, me cautivan e inspiran, si su discurso artístico me interpela, toca y conmueve, lo que me desarma completamente en mi relación con Antonio es la identificación extrañamente íntima que siento con él, inesperada alma gemela y espejo que no sólo refleja sin pudor pero con increíble sensibilidad mis “monstruos”, sino que convierte toda censura que yo pueda aplicar sobre mí en irrelevante e innecesaria. La oportunidad de poder acceder a mis debilidades, mis miedos y mis discordancias con tanta simplicidad es un privilegio que valoro como algo precioso.

Tras haber disfrutado de Antonio desde el público y de haberlo dirigido, sentí que el siguiente paso era el de ponerme en sus manos como intérprete, con la convicción de que los desafíos más profundos te llegan de quienes te conocen más íntimamente.

 

SOBRE JUAN (Texto: Antonio Ruz)

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El año pasado, en un café del barrio de Saint-Germain en París, volví a hablar a Juan de una idea que ya rondaba mi cabeza hacía años; interpretar un solo cantado. Anhelaba seguir explorando la voz pero necesitaba una dirección y sabía que nadie mejor que él podría traducir mis deseos, mis fantasmas. Ese día, ya con el concepto más claro, Juan aceptó dirigirme con la condición de que yo lo dirigiera también a él en una noche compartida, en un mismo espectáculo. El doble reto me fascinó y por supuesto, acepté. Ahí nació Vaivén.

La primera vez que vi actuar a Juan en un escenario en 2006, hubo algo que me impresionó en su fisicalidad, en su peculiar mirada de misterio y melancolía, y sin aún conocerlo, me sentí identificado con su universo. Fue solo al cabo de un año, en un proyecto con Sasha Waltz & Guests, cuando trabajamos por primera vez juntos y ahí Juan me invitó a formar parte de su proyecto Ars Melancholiae, hasta hoy, el trabajo más inspirador de mi carrera y mi primer contacto directo con el canto. Después vino 4 Elements – 4 Seasons con la Akademie Für Alte Musik Berlín, sólo-concierto en el que lo sustituí, y otros muchos trabajos que me permitieron seguir buceando en su universo creativo y compartir inquietudes y experiencias que son hasta hoy, fuente de sabiduría e inspiración para mí.

Aunque vivimos momentos vitales y profesionales diferentes, a los dos nos une la necesidad de ponernos artísticamente en manos de alguien y solo una larga relación de confianza y complicidad como la nuestra nos lo permitiría. Decidimos entregar el uno al otro una lista de ideas que nos gustaría abordar para luego dar total libertad a quien tomaba la direcciónel cuerpo como medio expresivo, el abandono a la extenuación o el silencio, son algunas de las ideas que Juan me propuso para su solo y que enseguida me inspiraron y me retaron como coreógrafo. Confieso que la idea de dirigir a alguien a quien tanto admiro y al que considero mi maestro, me creaba cierta aprehensión pero desde el primer día que pisamos el estudio, todo fluyó. Es un artista con una integridad que jamás he visto, como intérprete se entrega con la generosidad y humildad de un niño pero con la madurez de una basta experiencia; puede pasar horas trabajando una pauta física y a la vez enriquece con sus ideas el proceso creativo. Para mi solo, partí del sentimiento de desarraigo. Elegimos juntos un repertorio de canciones de épocas y estilos eclécticos y heterogéneos que Juan ha arreglado dramatúrgicamente y que yo interpreto en directo a través de un personaje nómada y solitario; nuevos registros y arenas movedizas donde piso de su mano confiado, sin miedo. Su dirección es para mí un regalo de imaginación y poesía que desvela, una vez más, ese talento para evocar extraños paisajes emocionales a través de la música, la voz y el cuerpo. Vaivén es lo que nos une pero también lo que nos aleja; es un juego de espejos, reflejos e identidad. Un viaje juntos desde la libertad, sin censura alguna.

Publicado en Susy Q. Revista de Danza. Septiembre-Octubre de 2014

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