Tan lejos, tan cerca

Entrevista a Rafael Bonachela/Sydney Dance Company

No tuvo que ser fácil. Australia está lejos. Mucho. Y Rafael Bonachela (La Garriga, Barcelona, 1972) había puesto en marcha en Londres su compañía, la Bonachela Dance Company, apenas dos años antes. Estaba contento con su proyecto. Satisfecho. Lleno de ilusiones y planes que habían empezado a materializarse con aplaudidas obras estrenadas y un reconocimiento que ya se había ganado en su anterior época como coreógrafo residente de la Rambert Dance Company, y le acompañaba por dónde fuera. Pero Rafael Bonachela tuvo que elegir. Y eligió nuevamente el riesgo. Y Australia. En 2008, cuando le llegó el ofrecimiento de dirigir la Sydney Dance Company (SDC), Bonachela se encontraba en la capital australiana invitado como coreógrafo por la compañía. La agrupación de danza contemporánea, una de las principales, llevaba un año sin director artístico tras el repentino fallecimiento en accidente de Tanja Liedtke, que tomó la dirección de la SDC en sustitución de Graeme Murphy, al frente desde 1979. “Lo más difícil de todo fue tomar la decisión de hacer la entrevista final para el puesto. No quería hacerla sin tener las cosas claras, ya que en mi cabeza había preocupaciones y compromisos con mi compañía en Londres y toda una vida en Europa. Después del estreno de mi obra en Sydney decidí irme a Bali de vacaciones. A pensar si estaba preparado para un cambio en mi vida tan radical y si haría esa entrevista o no. A los diez días, lo tenía clarísimo: quería la dirección artística”.

–       Es verdad que Sydney está lejísimos casi desde cualquier punto, pero lo de trabajar fuera tampoco era algo nuevo para usted…

–       No. Como bien dices llevo ya 21 años trabajando fuera de España. Mudarme a Australia no suponía un problema más grande que el de la distancia, aunque con las nuevas tecnologías, tampoco me siento tan lejos. En estos tres años he vuelto a Europa mucho y los dos primeros los viví a caballo entre Londres y Sydney. Cuando decides meterte en el mundo de la danza y quieres bailar, coreografiar, o lo que sea, nunca sabes dónde acabarás.

Tampoco él podía imaginar, cuando con 15 años se trasladó a Barcelona desde La Garriga para comenzar con sus clases de danza, que la vida le llevaría sólo un par de décadas después a la otra punta del planeta. Pero, de alguna manera, hasta se veía venir. Con veinte años, y tras pasar en Barcelona por Lanònima Imperial,  ya estaba en la prestigiosa Rambert Dance de Londres bailando y realizando sus primeras creaciones. Three gone, four Leith standing (1999) fue su primer trabajo y el inicio de una trayectoria que le sitúan, desde hace años, como destacado creador, autor de un vocabularío físico y abstracto, de ejecución y factura impecable, que, sin ser fácil, sabe conectar con la audiencia. Una propuesta de coproducción del Mercat de les Flors, a la que después se unió el BankCentre de Londres, favoreció el inicio de su propia compañía en 2006 y su salida de la Rambert. Y Voices fue el resultado. Cinco años después, Bonachela regresa al Mercat de les Flors, con nueva compañía, para presentar dos obras: 6Breaths, coproducida también por el espacio de Barcelona, y Landforms. Dos montajes que comparten música original de Ezio Brosso y continúa el discurso de Bonachela, repleto de composiciones originales de músicos actuales.

Pero volvamos a Australia. El coreógrafo catalán se enfrentaba a la dirección de una compañía que durante más de treinta años había funcionado bajo la batuta de Graeme Murphy. ¿Qué se encontró al llegar a la Sydney Dance Company?

–       Pues imagínate. Una compañía que llevaba con la misma dirección más de tres décadas y que cuando se deciden apostar por un nuevo valor, como era Tanya Liedtke, un trágico accidente impide a la SDC dar ese nuevo paso en su trayectoria. Así que la situación cuando yo llegué era de mucho trauma pero a la vez había ganas de mirar al futuro. De necesidad de cambio y dirección.

 –       ¿Y qué planes tuvo para la SDC?

 –       Mi objetivo era que la SDC fuese sinónimo de creación contemporánea. No sólo como fruto de mi trabajo como coreógrafo residente, sino también por la aportación de otros creadores como Jacopo Godani, Emanuel Gat, Adam Linder  y Kenneth Kvarnstrom, a quienes he invitado. Mi idea fue la de comenzar una nueva etapa más innovadora. Y para lograr este objetivo fueron necesarios muchos cambios. Uno de ellos, el de encontrar bailarines que cumpliesen el perfil. Necesitaba intérpretes con una técnica en contemporáneo acompañada de un fuerte conocimiento de clásico. Esta doble faceta sería una garantía que se reflejaría en la versatilidad de los nuevos trabajos que llevaríamos a cabo en las nuevas temporadas.

 –       ¿Y le tratan bien por Australia?

 –       Los australianos son gente muy hospitalaria y simpática. La verdad es que es fácil socializarse en este país tan joven que se ha construido de diferentes nacionalidades y culturas. Sí es cierto que, al tratarse de una de las pocas compañías nacionales de danza contemporánea y con más recursos,  a mi llegada pudo haber algunos `comentarios´ por el hecho de que fuese un extranjero el que se hiciese cargo.  Pero nada importante. Aquí me siento como en casa.

–       Creo que recientemente han vuelto a reconocer su trabajo con un premio…

–       Sí, en la última edición de los Australian Dance Awards recibí el premio a la mejor coreografía por 6 Breaths .

 –       Cuando se hizo cargo de la Sydney Dance Company, ¿qué pasó con su propia agrupación, la Bonachela Dance Company?

 –       Pues una de las condiciones que puse, al aceptar el puesto de director en Australia, fue poder continuar con la BDC. De hecho, al empezar con la SDC, el Arts Council de Inglaterra aceptó una propuesta  mía para una nueva obra. En estos momentos la BDC sigue existiendo pero en una situación de `stand-by´, ya que por el momento es más una compañía de proyecto. Ahora estoy volcado de lleno con la SDC, trabajando duro y disfrutando de la experiencia. Pero eso no quiere decir que la BDC haya pasado a mejor vida. Sigue ahí y el tiempo dirá cuándo volverá a escena.

 –       ¿Cómo se enfrenta a su próxima visita a España?

 –       A nivel personal, con una ilusión enorme y con muchas ganas de que llegue ya. Y en cuanto a nivel profesional pues igual, porque aunque lleve todos estos años trabajando fuera, tener la oportunidad de llevar mi obra al país que me vio crecer, es siempre interesante y lleno de emoción. Tengo mucha curiosidad por ver las reacciones, porque realmente me siento muy orgulloso  de la compañía y del trabajo que presentaremos en noviembre.

 –       El Mercat de les Flors parecía el lugar indicado…

–       Si, es cierto. Desde el principio estuvieron ahí apoyando mi trayectoria y eso lo convierte, obviamente, en el mejor lugar para presentar la compañía por primera vez en España. Mi relación con ellos es muy estrecha y espero que lo siga siendo con el paso de los años. Es un motivo más por el que me ilusiona tanto mi próxima visita a España.

 –       ¿Cómo diría que ha evolucionado su discurso desde que trabajaba en la Rambert o su compañía, hasta ahora?

 –       Mi interés como coreógrafo siempre ha sido tomar el cuerpo como absoluto vehículo de comunicación. Su fisicalidad, sus impulsos emocionales y psicológicos, siguen en el centro de mi creatividad, eso no ha cambiado mucho. Con el paso del tiempo, con la creación de más obras y diferentes colaboraciones, intento comunicar con mayor eficacia los estados emocionales y las relaciones humanas, a través de un estilo intensamente físico y abstracto. Ese vocabulario ha ido evolucionando. Lo vas refinando para encontrar nuevas maneras de decir las cosas. Siempre necesito una idea, un concepto que funcione como terreno fértil para crear una obra de danza. Una fuente de inspiración que  informe a los cuerpos de los bailarines y motive su pensamiento.

 –       Hace unos años, en una entrevista que le hice, usted confesaba que era un adicto al movimiento ¿qué tal lleva esa adicción?

 –       Pues muy bien. Es una  adicción  muy sana que no produce resaca y de momento, puedo disfrutar de ella cada día de mi vida.

(Publicada en Susy Q. Revista de Danza. Nov-Dic 2011)

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