Rastreador de emociones

Entrevista a Daniel Abreu

En realidad no hace tanto desde que Daniel Abreu (Santa Cruz de Tenerife, 1976) montó su propia compañía. Pero estos siete años han resultado tan fecundos, y al tiempo significativos en la escena de la danza contemporánea nacional, que el título de “emergente” que ostentaba Abreu prácticamente ayer, ha dado paso al de “referencial” en la creación escénica del momento. Ahí quedan trabajos corales como Ojos de pez (2007), Negro (2008), White (2009), Equilibrio (2010) y Otros rostros, otros rastros (2010). Solos como Perro (2006), Undressed (2008) y Travelling (2009). Creaciones para otras agrupaciones como la  polaca Dance Theatre Zawirowania, para la que montó Fuera de campo, visto en el pasado festival Madrid en Danza, y el Proyecto TITO YAYA, con el que ha creado recientemente Línea HorizontalCuando se le recuerda esto mismo, y se le pregunta por la vertiginosidad con la que se vive desde fuera su trayectoria, el creador se muestra tímido y deja entrever lo que a él verdaderamente le interesa de esta profesión, y empapa cada montaje suyo: la investigación, el trabajo, la creación y por qué no, el crecimiento. “Yo soy incapaz de situar mi trabajo en algún lugar, aunque puedo notar que a veces interesa y se cuenta con mi criterio. Pero, aunque eso me provoca mucha responsabilidad, tampoco lo necesito, porque realmente no siento que haga algo extraordinario”. Y seguramente sea esa falta de pretensión, encabezada por un discurso que exhuma honestidad y búsqueda en el rastreo coreográfico de las profundidades del ser humano, en el que el cuerpo y una gran fisicidad funcionan como columna vertebral de cada creación, y en el que no parece haber lugar para ningún tipo de complacencia, lo que sitúen a este creador, licenciado en psicología también, como uno de los más respetados y requeridos en escenarios para solos y obras de mediano formato. Su próximo estreno, Animal, es un nuevo ejemplo de ello. Se verá en el Mercat de les Flors y el Auditorio de Tenerife, y ambas instituciones coproducen el espectáculo. Además, el Mercat ha propuesto a Abreu como artista para el Modul Dance, red de casas europeas de la danza a la que pertenece el espacio de Barcelona, y el montaje visitará también Holanda.
“Como siempre, no sé qué resultará al final del trabajo ni qué es exactamente lo que haré con Animal. Pero la idea principal es trabajar sobre el deseo. Así como en mis primeros trabajos me interesaba más el tema de la apariencia, ahora trabajo sobre el qué nos mueve, qué nos motiva a querer estar en un determinado lugar. Animal, además de hacer referencia al instinto de movernos sin planificación, es una palabra rotunda, contundente. Para mí los títulos son importantísimos, y me encantan los de una sola palabra”.

– ¿Y cuándo llega el título de una obra?
– Es lo primero. Y hasta que no tengo el título, no me puedo imaginar el resto. Aunque pueda parecer que no, trabajo con un cierto orden.

– Sin embargo, creo que el día del estreno puede ser que una obra suya no esté del todo terminada…
– Pero el principio siempre está. Lo que pasa es que me seduce que el trabajo esté vivo… Eso es lo que le pedimos al arte ¿no?, que nos emocione como lo hizo el primer día. Así que, inconscientemente trabajo así. Me interesa cómo ocurren las cosas, y no lo que ocurre. Con el proceso creativo me pasa igual. Me cautiva más lo que está por venir y descifrar, que lo que intento transcribir de un guión.

– ¿Y cómo es el trabajo con sus bailarines, que no saben qué será de ellos el día del estreno?
Si se cambia algo no va a ser nada nuevo, simplemente mover las piezas de un puzzle. En este sentido no hay nada que se improvise. Pero no pensamos qué es lo que tenemos que bailar, sino cómo lo vamos a hacer, y ahí puede haber magia.

– En ese sentido, ¿se podría decir que usted se encuentra en un casi continuo proceso creativo?
– Para mí ese proceso no se resume a las horas de ensayo o de trabajo en un estudio. Es estar continuamente metido en la idea y poder llegar a conclusiones inesperadas. Se trata de estar en un estado de alerta y consciencia en el que todo puede modificarse. Por eso la obra no estará hasta el último día., ni sé qué será de ella, ni qué resultará. Pero hay algo que está en todo proceso desde el principio: la confianza. En mí y en mi equipo. Trabajo con propuestas de una manera intuitiva, pero porque lo hago confiando en que todo se hace por algo concreto.

– En su trayectoria con más de treinta trabajos, marcados por la búsqueda, ¿qué ha cambiado y qué se ha establecido?
– Permanece que sigo partiendo del cuerpo para trabajar. La fisicalidad sigue siendo muy importante. Pero tal vez ha cambiado que si antes me preocupaba sobre todo desengranar la musculatura, para luego crear la forma, ahora me interesa saber desde dónde nacen los movimientos. Por otro lado, al principio no sentía que tuviera una manera de hacer determinada. Ahora empiezo a sentir que sí. Identifico lo que me gusta. Y tengo que decir que ahora que lo he localizado, me lo quiero cargar. No por destruir, sino por esa necesidad de contar. No me interesa el moverse por moverse.

– ¿Y le preocupa saber cómo recibe el público sus propuestas?
– Suelen decirme que les ha gustado un trabajo (cuando les ha gustado) pero que no han entendido nada. Y ahora ya sé por qué. No hace mucho, viendo una obra de teatro, me dijo una amiga: “En el arte, como en la vida, uno suele posicionarse entre entender o sentir”. Y creo que con mis trabajos, el espectador hace lo último porque mis trabajos están narrados desde la emoción.

– ¿Suele ser muy crítico consigo mismo?
– Mucho. Y aunque trabajo muy en equipo, las decisiones son en solitario y me lo cuestiono todo. Como director, como coreógrafo, como bailarín… Se trata de una labor muy amplia y requiere de crítica y análisis contínua. Así que me lo cuestiono todo.

(Publicada en Susy Q. Revista de Danza. Año 2011)

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